Cinco de agosto y, por fin, el actual campeón de Liga presenta a su primera incorporación para revalidar su título y para optar de una forma más convincente que la pasada campaña a la conquista de la Liga de Campeones. Llega Rafael Van der Vaart, al fin, más como un parche de emergencia que suture la herida abierta por la lesión de Sneijder que como un fichaje anhelado en sí mismo.
Y es una lástima que llegue de este modo, porque el centrocampista holandés no es de ningún modo un futbolista de relumbrón. Es un jugador de toque exquisito, buena visión de juego, pase en corto, taconazo, chicuelina y gaonera, que por ello tiene raíces andaluzas, aunque no de lance largo. También marca goles. Un buen futbolista de equipo, con el plus de estudiante responsable y aplicado que casi siempre portan los profesionales holandeses allá donde vayan.
Hasta ahí. No más. Van der Vaart no es Zidane, ni el Ronaldo redivivo que pescó Florentino en el Inter, ni el Figo que ganaba partidos en su último año en el Barça. Ni siquiera tiene parte del tirón publicitario de Beckham, a pesar de su sonrisa homologable. La que fue la estrella indiscutible del Hamburgo, muy posiblemente, sea un futbolista de complemento en el Madrid. Su rol de cabeza de ratón se tornará en cola de león en el conjunto de Schuster. Cuajará partidos excelentes, levantará al público de los asientos del Bernabéu, marcará goles de factura impecable, hará sumar puntos vitales al equipo, posiblemente, y despertará admiración entre sus compañeros y entre la hinchada merengue. Pero hasta ahí.
Haciendo de abogado del diablo, resulta difícil imaginar a Van der Vaart como el futbolista que aporte la competitividad y el hambre de victoria que se precisa para asaltar con garantías de éxito la Liga de Campeones, objetivo principal de Ramón Calderón este año.
Su acelerada contratación por 13 millones de euros, un precio muy superior al que en principio se pretendía pagar al Hamburgo, se debe únicamente a la lesión de Sneijder. Schuster había solicitado al futbolista para reforzar un mediocampo que ya la temporada pasada mostró carencias y signos de agotamiento, pero el tira y afloja de Calderón con el Hamburgo denota que se trataba de un jugador prescindible, carne de banquillo en otras circunstancias, una parche de lino y oro, un brocado exquisito, pero un parche al fin y al cabo, no un futbolista determinante. No la joya de la corona.
No obstante, es de ese tipo de jugador que sí es imprescindible para conformar un equipo regular, reconocible y fiable en una competición de largo recorrido. Un gran fichaje para la Liga, pero que no despeja las dudas ni allana el camino en la Liga de Campeones.
Su llegada tapa las opciones a De la Red, que quizá debiera prestar atención a los cantos de sirena procedentes de Inglaterra, y tener muy presente el año en blanco que se ha pasado Soldado a las órdenes de Schuster.
El carácter díscolo e imprevisible del entrenador alemán queda al descubierto en el trato que dispensa a los canteranos. Primero los considera necesarios y los proclama como tal, para según va pasando el verano comenzar a levantar la voz solicitando refuerzos.
La ausencia por tres meses de Sneijder bien podía haber supuesto una oportunidad única para De la Red, quien bien podía haber acortado sus vacaciones y adelantado su regreso a Madrid. Dado que no disputó tantos encuentros en la Eurocopa como Casillas o Ramos, bien valía la pena hacer el esfuerzo para mostrar su determinación al entrenador alemán, más aún después de conocerse la baja de Sneijder. Ese exceso de conformismo del mostoleño ha podido ser decisivo a la hora de contratar a Van der Vaart sin titubeos para suplir la baja del ex jugador del Ajax.
La lesión de su compañero de selección ha puesto a Van der Vaart en el disparadero. Dispondrá de minutos de juego y será una maravilla verlo jugar en nuestra Liga. Pero no se engañen los socios madridistas: Van den Vaart no es Cristiano Ronaldo, ni falta que hace. Pero son los "Cristianos Ronaldos", "Kakás" y "Zidanes" los que ganan las Copas de Europa. Las joyas de la corona.
Ernesto Lancho
Periodista de Sportec
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