El secreto de los Balcanes
por Rosana Alonso y Rosa de la Peña

EN BALONCESTO, LÍDERES EN EUROPA

Uno de los mejores embajadores del baloncesto yugoslavo es el base del Real Madrid, Aleksandar Djordjevic. Nacido en Belgrado el 26 de Agosto de 1967, comenzó su andadura en la cantera del Radnicki, se formó en el Partizán, triunfó en Italia, buscó la aventura americana de la NBA y se consolidó en la ACB como uno de los mejores jugadores de Europa.

"Sasha" reúne todas las características del prototipo de jugador eslavo. Incluso puede presumir de haber tenido excelentes maestros en su Yugoslavia natal, sin ir más lejos: Su padre. Bata le enseñó desde pequeño que lo más importante era el trabajo en la cancha, el sacrificio diario y quizá ese es el "secreto yugoslavo", como el propio jugador nos comenta: "Cada club tiene sus equipos de cantera, tres de cada generación, entrenando, compitiendo, haciendo campus en verano donde los mejores entrenadores yugoslavos te enseñan las cositas pequeñas, los secretos del baloncesto".

Y es que para el base yugoslavo, el basket se lleva en la sangre, se vive cada segundo: "En nuestro país hay una tradición enorme. Llevamos bastantes generaciones ganando a nivel mundial y europeo y eso a los niños les encanta, por eso están siempre, cada vez más, entrenando y dedicándose a este deporte", asegura. Y lo dice con conocimiento de causa, porque en su caso el deporte de la canasta le atrapó en su red desde el momento en que sus ídolos de niñez como Moka Slavic compartieron cancha con él.

Desde entonces hasta ahora, muchos han sido los éxitos y los sinsabores de la carrera profesional de Aleksandar Djordjevic, pero preguntado por cuál de ellos es el que mejores recuerdos le trae a la memoria, el jugador de Belgrado tiene claro que los malos momentos hay que olvidarlos y quedarse con los positivos, especialmente con uno muy especial, Atenas'94: "El Europeo tuvo un sabor y un gusto para todo nuestro pueblo impresionante. Además, mi partido de la final con 41 puntos es todavía un récord en todas las finales entre las selecciones mundiales", afirma Sasha.

Para Aleksandar Djordjevic el europeo de Atenas fue uno de los momentos dulces del conjunto balcánico: "Fue muy especial -afirma emocionado Djordjevic- porque llevábamos ya tres años fuera de las competiciones mundiales y eso fue una alegría enorme para todo nuestro pueblo. Lo vivimos de una manera tan intensa que es imposible describir".


En el momento en que nos adentramos en cuestiones políticas, Sasha cambia el gesto y su rostro se torna triste. El conflicto en los Balcanes les ha separado, pero tal vez el deporte les vuelva a unir: "Quizás se forme una Liga del Adriático entre los equipos de la vieja Yugoslavia- aunque la FIBA no da su visto bueno a este proyecto. Lo que es más importante para mí y para mi pueblo es este cambio radical que esperamos sea beneficioso para todos. Ya llevamos doce años con conflictos que para mí son ridículos. Ojalá éste sea el último y toda la gente pueda vivir en paz", añade Djordjevic con la mirada perdida en un punto imaginario.

Un bloque conjuntado más allá de la cancha

El desmembramiento de los Balcanes desencadenó una situación que obligó a un nuevo esfuerzo para el pueblo yugoslavo. Aunque nunca dejó de sentirse identificado con aquellos que lo han representado fuera de sus fronteras -deportivamente hablando-. Un grupo excepcional de deportistas que ha continuado cosechando éxitos: el Europeo de Atenas, las Olimpiadas de Atlanta, el Mundial del 98 en tierras helenas. Pero realmente, ¿cuál es la clave para que todo funcione, para que las piezas del puzzle comiencen a encajar?

En un conjunto plagado de estrellas priman las individualidades y no el juego de equipo. ¿Qué es lo que les hace un bloque tan potente aparte de sus aptitudes para el baloncesto? En palabras de Djordjevic, algo terriblemente sencillo: la amistad y el respeto mutuo. "No nos cuesta nada compenetrarnos porque somos amigos fuera de la cancha, con familias, niños. Llevamos muchos años jugando juntos y eso ha sido una clave de nuestro éxito, esa química sinceridad-amistad de respeto mutuo que hay de uno hacia otro", asegura Sasha. Un punto que habrá que tener en cuenta a la hora de analizar el rotundo éxito de la escuela yugoslava.

Aleksandar Djordjevic ha sumado su nombre a la nómina de jugadores eslavos que han pasado por la ACB. Míticos fueron Mirza Delibasic, Dragan Dalipagic, Dejan Bodiroga o el malogrado Drazen Petrovic. Otros triunfaron en la NBA, como el croata Toni Kukoc o el yugoslavo Vlado Divac. Actualmente podemos disfrutar en España del juego de su compatriota Zoran Savic, en el F.C. Barcelona y de los croatas Slaven Rimac (Joventut), Velimir Perasovic (Fuenlabrada) y Veljo Mrsic, que milita en el Unicaja a las órdenes de uno de los entrenadores con más renombre en Europa, Bozidar Maljkovic.
Un punto de vista diferente

El perfil del jugador eslavo se completa con la visión de un compañero de filas, Fernando Romay, que apunta dos interesantes ideas: "En primer lugar, tienen un físico idóneo para jugar al baloncesto: delgados, fibrosos y muy altos. Por otra parte, hubo una época en Yugoslavia en la que o eras deportista o no tenías futuro".



Esto implica que se dedicasen en cuerpo y alma al deporte desde muy pequeños. Pero aparte de las cualidades físicas, el ex pívot madridista alaba su capacidad de compenetración en los deportes colectivos. "Tienen un sexto sentido para los deportes de equipo, la prueba está en que cuando empezaron a meterse en deportes como el balonmano su selección fue de las campeonas de Europa. En waterpolo tres cuartos de lo mismo, en fútbol también... Tienen como un gen especial, no sólo los jugadores, sino también los entrenadores, que hace que tengan cierta predisposición primero física para el deporte y después una actitud para poder practicarlo", comenta.

"Su filosofía es trabajo, trabajo, trabajo y trabajo". Con esta frase resume Fernando Romay la técnica que emplean estos deportistas a la hora de entrenar. "No paran. Son capaces de ejercitarse en una cancha todas las horas que haga falta. Nosotros, por ejemplo, la preparación física la hacíamos fuera, un poco por cambiar de ambiente, pero ellos son capaces de meterse en una cancha y estar tirando a canasta todas las horas que necesiten siempre que sea para mejorar su rendimiento", afirma el ex baloncestista.

Como dato curioso sobre la increíble adaptación de los jugadores eslavos a otros países, baste señalar la anécdota que nos relata Romay acerca de Mirza Delibasic: "Llegó en agosto con un librito y sin saber español, y en diciembre estaba jugando torneos de mus diciendo las típicas frases propias del juego... era increíble. No sé si listo era la palabra, tal vez avispado, las cogía al vuelo. Llamaba mucho la atención la forma de pensar, de actuar y de saber" -continúa Fernando-, "es una delicia trabajar con ellos".

EL REPORTAJE CONTINÚA CON:

Antic: "El deporte yugoslavo, desde hace muchos años, es un pilar en la política del país."



2006
Alemania 2006
 
2003
Centenario Atlético
 
2002
Centenario Blanco
Fernando Torres
Fin al Infierno
Final Champions
Madrid o Sevilla
Nike "Mercurial Vapor"
Semifinales
Valencia Campeón
 
2001
Cantera Real Madrid
El secreto de las Balcanes
Pekín 2008